Un barco que ha permanecido años sin mantenimiento presenta un patrón de deterioro específico.

Alergantes de "perfecto estado" chocan con la degradación de retenes, corrosión galvánica dormida o incrustaciones en colectores.

Si el vendedor aseguró que la embarcación mantenía un uso continuo y revisiones anuales, la realidad omitida altera el consentimiento del comprador.

Deterioros típicos por inactividad oculta

La falta de circulación de agua marina genera cristalización de sal y bloqueos en los circuitos de refrigeración al volver a usarlo.

Los manguitos de goma, impellers y grifos de fondo se acartonan y fallan a las pocas horas de funcionamiento.

Verificaciones esenciales sobre el historial:

  • Facturas de varadero: Comprobar las fechas de las últimas sacadas a tierra y trabajos de patente.
  • Registro de Capitanía: Verificar cambios de lista o propiedad, así como la realización de ITB.
  • Inspección pericial de bloques y codos: Desmontar codos de escape para comprobar el estado de corrosión interna por parada y revisar pasacascos y grifos de fondo.

El error más frecuente:

Guiarse únicamente por el aspecto exterior recién lavado o pintado sin solicitar el historial de varadero documentado.

¿Qué haría yo si fuera mi caso?

Exigiría las facturas de mantenimiento continuado de los últimos tres años.

Si tras la compra descubro un histórico de inactividad negado por el vendedor que provoca una avería, peritaría el motor para reclamar por omisión dolosa de información relevante.

Recuerda: Ocultar el estancamiento o abandono prolongado de una embarcación configura una falsa representación del estado real reclamable legalmente.

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