La mayoría de las personas creen que reaccionarán de forma racional.
No suele ocurrir.
Lo normal es pasar por varias fases.
Muy parecidas a las que aparecen ante cualquier pérdida importante.
Primero llega la incredulidad.
"No puede ser."
"Tiene que haber un error."
"Seguro que es una tontería."
Buscas explicaciones tranquilizadoras.
Intentas pensar que todo tiene solución.
Después aparece la esperanza.
Llamas a un taller.
Buscas una segunda opinión.
Lees foros en internet.
Intentas encontrar a alguien que te diga lo que quieres escuchar.
A veces ocurre.
A veces no.
Y cuando las malas noticias se confirman, llega la rabia.
Rabia hacia el vendedor.
Rabia hacia la situación.
Rabia hacia ti mismo.
Es una etapa complicada.
Porque la mente busca responsables.
Necesita encontrar una explicación.
Necesita entender por qué ocurrió.
Después llega algo menos visible.
La obsesión.
Empiezas a pensar constantemente en el problema.
Mientras trabajas.
Mientras conduces.
Mientras intentas dormir.
Tu cerebro vuelve una y otra vez al mismo lugar.
¿Qué pasó?
¿Cómo ocurrió?
¿Qué puedo hacer?
Y finalmente aparece el agotamiento.
Porque ninguna persona puede vivir permanentemente enfadada.
Llega un momento en que la energía disminuye.
Y es entonces cuando muchas personas empiezan a actuar de forma más eficaz.
Cuando dejan de buscar culpables y empiezan a buscar soluciones.
Cada caso es diferente.
Pero el recorrido emocional suele parecerse mucho más de lo que imaginas.
Y entenderlo ayuda.
Porque cuando sabes lo que te está pasando, resulta más fácil atravesarlo.
El diagnóstico de Carlos: Pasar por estas fases es normal, pero la clave para salir del bucle de la obsesión es agarrarse a los datos duros. Yo analizo la avería desde la perspectiva de un mecánico y de un abogado para darte una respuesta fría, clara y libre de emociones: ¿es viable demandar o no? Sal de la fase de parálisis: el formulario de la web es la salida, y desde ahí analizamos tu caso con datos.